emergencia de salida


Diario de un autobús
noviembre 14, 2008, 9:42 pm
Filed under: Sin ton ni son

Odio mi vida, mi vida es estresante, mi vida es penosa, ¡y los humanos se quejan de la de ellos! Soy repetitivo, no hago más que pasar por los mismos sitios y me detengo en las mismas paradas de siempre. Los demás vehículos me adelantan y yo siempre soy el farolillo rojo. Si, estoy depresivo, mucho además. Las personas que me conducen parece que nunca hayan pasado una buena noche, y para más inri, no tienen muy buen gusto musical; estoy cansado de escuchar a Bisbal y a Paulina Rubio. Siento pena, y estoy cansado, muy cansado, me pesa el cuerpo de soportar a tanta gente que en ocasiones se amontona como sardinas en lata dentro de mí, por no hablar del olor que desprenden en algunas ocasiones este tipo de sardinas: ¡para que tendré barras en el techo!

 

 Algunos me confunden con un contenedor y los niños suplantan sus maquinitas por ir tocando mis timbres, ¡estoy hasta los timbres! Triste, muy triste. Mis amigos los camiones me dan envidia, ellos no aguantan a tanto humano y se van a menudo a casas que están en medio de las carreteras con luces de colores. Por no hablar de lo que llaman coches, ¡esos siempre se creen dueños del lugar!, pero son más ágiles que yo; también me dan envidia.

 

Los seres que transporto son aburridos, no me aportan nada, cada uno de ellos va inmerso en su mundo. Sólo es divertido verles sacarse los mocos, pero ni siquiera eso me alegra, pues esa bolas acaban en muchas ocasiones incrustadas en mí. Tan sólo quiero que llegue la noche, pues descanso y veo al resto de mi especie, pero casi siempre encuentro alguno que fanfarronea por los dibujos de colores que le han hecho en su cuerpo esa misma tarde, por no hablar de los nuevos, tan sofisticados y modernos, cualquiera los aguanta.

 

¡Y los humanos se quejan de su jornada laboral! Yo ni siquiera tengo sindicato y trabajo 16 horas al día, ¡no es justo! Tener que aguantar babas de los se duermen, señoras mayores que no hacen más que quejarse, cotillas que no hacen mas que escuchar las conversaciones de al lado y mirar de arriba abajo a aquel nuevo que entra… ¡aggghhh! Yo me enfado, me enfado mucho, estoy cansado y no hago más que dar botes para molestar a aquellos intelectuales que van con el libro, a aquellos que se van meando y a los que viajan con resaca frotándose la cabeza. Trato de estropearme lo más a menudo posible y freno descaradamente o hago eses bruscas para que se caigan aquellos que van de pie ¡Pero qué duros son los cabrones! Pocas veces se caen. Hasta los timbres, los timbres…

 

                                      

                                                            Pasajera asidua de Bizkaibus

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